miércoles, 16 de noviembre de 2011




CLÍNICA DE LO COTIDIANO EN ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO

Trabajo leído en Buenos Aires el 12/11/2011 en el VI CONGRESO INTERNACIONAL, VII CONGRESO IBEROAMERICANO, VIII CONGRESO ARGENTINO DE ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO: “INTEGRACIONES CONCEPTUALES, HACIA UNA PROFESIONALIZACIÓN DE NUESTRA PRÁCTICA”

Leonel Dozza de Mendonça
Psicólogo. Presidente de CALLE III – Asociación Española de Acompañantes Terapéuticos. Director del Centro de Día y del Equipo de Apoyo Social Comunitario Parla para personas con enfermedad mental (recursos gestionados por Fundación Manantial y concertados con la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid)

            Buenos días. Es un placer saludarles aunque sólo sea por escrito y mediante la voz de un colega. Infelizmente, mis compromisos profesionales en Madrid no me han permitido acudir en persona; así que agradezco a la organización del congreso la invitación y el facilitar esa forma de participación (Y también agradecer especialmente a Maximiliano Peverelli la amabilidad de leer el presente trabajo en el Congreso).
En una ocasión un profesor de universidad dijo que los congresos han dejado de ser un espacio de producción y divulgación del conocimiento para pasar a ser fundamentalmente un lugar para hacer política. Aunque esto sea en parte inevitable, no debemos perder de vista la ineludible tarea de producción y deconstrucción del conocimiento.
En coherencia con lo que acabo de decir, empezaré haciendo algo de política… aunque a discreción y a modo de introducción de lo que luego expondré acerca de la Clínica de lo Cotidiano. Haré un breve resumen de parte de la historia del AcT en España, y más específicamente de la parte de la historia en la que he podido participar más directamente.
Soy de Brasil, donde en 1986 empecé a trabajar como AT. En 1990 me trasladé a vivir a Madrid y en el 92 di mi primera conferencia sobre AT en España. Por esa época, los pocos ATs que había eran psicólogos jóvenes en su gran mayoría argentinos; pero el tema era casi
absolutamente desconocido para los terapeutas españoles.
En 1994 empecé a coordinar una formación oficial en AcT en Zaragoza, organizada por la Diputación General de Aragón y destinada a profesionales de la Salud Mental. Estos grupos de formación duraron 6 años y por ellos pasaron casi un centenar de profesionales. Un par de personas que participaron en esta formación constituyeron una Asociación de ATs (en el 2002) y posteriormente la “Cooperativa 2avia” de AcT.
Desde 1998 también tuve la oportunidad de brindar formación sobre AcT en diversas instituciones oficiales, como las Universidades Autónoma y Complutense de Madrid, la Consejería de Asuntos Sociales de la Comunidad de Madrid, además de formación y supervisión a nivel privado.
En 1999 fundamos “Grupo ACTO”, un equipo privado de ATs de Madrid. Con el propósito de “españolizar” el AT, durante los primeros años traté de que se incorporase al equipo exclusivamente psicólogos españoles. Tras más de diez años de funcionamiento, por motivos personales en el 2010 decidí disolver Grupo ACTO. En la actualidad, sus participantes se han constituido como “Cooperativa puenteAT” de AcT.
Hacia finales de los años 90, a la vez que fundábamos Grupo ACTO, empezamos a constituirnos como Asociación, hasta culminar en la que hoy en día se denomina “CALLE III – Asociación Española de Acompañantes Terapéuticos”.
En la actualidad tengo conocimiento de unas pocas experiencias relativamente consolidadas de práctica y divulgación del AT en España. Entre ellas, me gustaría citar el equipo de ATs que lleva Marisa Pugès en Barcelona, la labor de divulgación que viene realizando en Madrid Alejandro Chévez (quién preside también una asociación), así como las 2 coorperativas anteriormente mencionadas. Seguramente hay más cosas que contar, pero aquí no es mi intención hacer un recorrido histórico exhaustivo.
            Y bien: cuando en 1991 empecé a hablar de AcT en España, directamente lo asociaban al voluntariado, como si el trabajo en la comunidad y domicilio fuese algo que pudiese hacerlo cualquiera desde su buena voluntad, y gratis. Yo diría que nuestro trabajo es más complejo que aquellos que tienen lugar en contextos institucionales, y por lo tanto requiere una formación específica y rigurosa.
Sin embargo, el Act es una práctica todavía “joven”, poco teorizada, y trabajamos desde un considerable nivel de precariedad teórica. Ante esta precariedad, sobre todo los ATs novatos suelen oscilar entre dos extremos. En uno de ellos está la tendencia a trabajar demasiado desde la “intuición” y la “espontaneidad cotidiana”. En el otro extremo, lo que se observa es una mayor tendencia a emplear esquemas de referencia utilizados en prácticas más consolidadas e instituidas. Es decir: ante una situación desconocida, uno aplica un esquema de referencia conocido. Es aquí donde el AT puede convertirse en una especie de “(pseudo)psicoanalista ambulante” o reproducir ciertas dinámicas pedagogistas tipo “entrenamiento en habilidades sociales”, que son propias de algunos centros de rehabilitación.
Diría que el AcT es una “práctica poco estructurada”, en el sentido de que las variables y el encuadre son menos controlables en comparación con un Centro de Rehabilitación o la psicoterapia. Puede ocurrir que el AT esté en una cafetería con el paciente, y el camarero se pone a hablar “interrumpiendo la intervención”. Sin embargo, en términos generales diré que el encuadre de la Clínica de lo Cotidiano debe permitir y facilitar la inclusión de todos aquellos elementos y personas que favorezcan el proceso del paciente, es decir: la tarea. Lo que ocurre muchas veces, es que los esquemas de referencia tradicionales basados en la relación dual y en el encuadre controlado, hacen que el AT sienta la participación del camarero, o de algún otro tercero, como una “intrusión” o “interrupción” de la intervención; pero, según los fundamentos de la Clínica de lo Cotidiano, no lo es necesariamente.
            Entonces, el concepto de Clínica de lo Cotidiano puede ayudarnos a repensar las nociones de tarea, encuadre e intervención en AcT (y también en otras prácticas atravesadas por lo cotidiano, como pueden ser las residencias, etc.). Podría decirse que el AcT está regido por la Teoría del Caos, y en este sentido decía que el AT lleva a cabo una práctica “poco estructurada”. Sin embargo, ahora diré que se trata más bien de “otra estructura”; una estructura más compleja, polifacética y polifónica… Y es a esta estructura más compleja a la que denomino Metodología o Clínica de lo Cotidiano.
            Uno de los aspectos de esta metodología consiste en que, en determinados momentos, el AT optará por no hablar con el paciente y familiares de temas relacionados con la patología mental. En la puesta en escena, ello puede consistir en “hablar por hablar” (de deporte, cine, actualidad), hacer algo “porque sí”, ver la tele juntos, jugar a las damas. Con ello lo que se pretende, entre otras cosas, es desenfocar la identidad de persona con enfermedad mental, debido a que estos pacientes suelen estar todo el tiempo hablando de su enfermedad o estableciendo relaciones desde este lugar. Y cuando se enfoca demasiado esta parte de la identidad de la persona, lo que se pone en juego son sus modos de funcionamiento más deficitarios y dependientes.
Por lo tanto, la Clínica de lo Cotidiano está regida en gran medida por un “principio de no intervención”, es decir: además de aquellas acciones a las que denominamos “intervención”, hay un sin fin de interacciones cotidianas orientadas a brindar experiencias terapéuticas y rehabilitadoras.
Y justamente otra función de la noción de Clínica de lo Cotidiano consiste en validar teóricamente estos aspectos de la práctica, para que no tengamos la sensación de que no estamos en tarea o de que el trabajo que hacemos lo podría hacer cualquiera. Esa validación teórica también es importante a la hora de posicionarnos ante las embestidas de los discursos positivistas y organicistas que por lo general rigen las demandas institucionales y muchas veces de las familias.
Por ejemplo: en Madrid yo dirijo un equipo de calle de la Comunidad de Madrid. Los programas oficiales de rehabilitación establecen que hay que trabajar las habilidades sociales, factores cognitivos y psicomotrices, afrontamiento personal, ocio y tiempo libre, así como la promoción de una red normalizada de apoyo, etc. Y bien, si a mi me convocan a justificar formalmente la Clínica de lo Cotidiano, yo les diría que cuando “hablamos por hablar” con nuestros pacientes estamos entrenando habilidades de comunicación y actualidad. Cuando jugamos a las damas estamos trabajando aspectos cognitivos, ocio y tiempo libre, el tema de las normas y la tolerancia a la frustración (es decir: afrontamiento personal). Otros juegos permiten trabajar de forma más directa la psicomotricidad. También les diría que cuando salimos a tomar un café en una cafetería estamos fomentando la creación de eso que denominan “red normalizada de apoyo”.
Según mi experiencia, luego hay pacientes que, cuando se sienten solos, angustiados, hartos de sus familiares, van a esta cafetería o a esta plaza tan tranquila que suelen frecuentar con su Acompañante. Este sería un buen ejemplo de “red normalizada de apoyo”; red con la cual el usuario se vincula sobre la base del vínculo con el AT y la frecuentación constante de estos espacios. El problema es que a veces nosotros nos ponemos un poco nerviosos y somos los que hacemos el pedido en la cafetería, pedimos la cuenta, monopolizamos la conversación con el camarero o bien le damos a entender que, como estamos haciendo una intervención, no es conveniente que se enrolle demasiado. Así va a ser difícil que el paciente establezca vínculos significativos.
            La Clínica de lo Cotidiano también suele facilitar unas relaciones familiares más normalizadas. En mas de una ocasión el jugar a las damas con el paciente favoreció que paciente y familiares jugasen a las damas entre ellos, cuando hasta entonces todos los intercambios familiares giraban alrededor del rol de cuidadores y de  la patología, y por lo tanto de lo más deficitario en el paciente.
            Por otra parte, podemos emplear algunos elementos de la cotidianeidad en diversas situaciones y para diferentes finalidades. Sobre todo con pacientes a los que el contacto directo con el AT les genera demasiada ansiedad, en algunos casos ver la tele juntos puede ser una buena forma de que esta ansiedad no sea elevada, debido a que la tele opera aquí como un intermediario y, a veces, incluso como un facilitador de la comunicación (a raíz de comentar lo que se está viendo en la tele). Este podría ser un buen ejemplo de “ansiolítico cotidiano”. De hecho, con este tipo de paciente suele ser importante la presencia de este tercer elemento intermediario, que también puede ser mirar escaparates, ver juntos (o por separado) una revista, jugar a las damas, lo cual facilita (para el paciente y AT), además, el no estar todo el tiempo centrados en la enfermedad mental.
            Es decir, que a diferencia de lo que ocurre en la vida misma, el AT deberá gestionar esta puesta en escena cotidiana desde una metodología o una clínica. Y aquí diré tajantemente que no cualquier persona puede “charlar por charlar”, jugar a las damas, darse un paseo, tomarse un café, de la misma forma y con el mismo sentido y efecto que pueda hacerlo un AT entrenado; y también vuelvo a insistir en que esta clínica es más compleja que la que se lleva a cabo en espacios delimitados, y por lo tanto requiere una formación rigurosa y específica.
            Diría que la maestría del AT consiste en aplicar su técnica empleando una actitud mental y conductual cotidiana, de modo que el que mira desde fuera apenas se percata de que está trabajando. Sería, en cierto sentido, como el trabajo que hace el actor. Un buen actor emplea su técnica de tal modo que no se vea la técnica, sino tan sólo el personaje.
En cierta ocasión me sorprendí a mi mismo diciendo que el AT es un terapeuta que se parece a una persona.


5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Me ha gustado mucho tu discurso. Creo que eres un gran profesional

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  2. Me parece muy positivo todo lo que desestigmatice y despatologice. Al final, todos somos seres humanos con muchas dificultades. Horizontalidad y escucha, ése es el reto. Saludos Sonia Gruben

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  3. Hola Leonel.. Haces cursos? Soy psicóloga sin ejercer en Madrid.

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  4. Hola Leonel.. Haces cursos? Soy psicóloga sin ejercer en Madrid.

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